Categoría: Nutrición

Alimentación entendida sin dogmas: ciencia, placer y hábitos que sí caben en la vida.

  • Comer mejor sin convertir la mesa en un castigo

    Comer mejor sin convertir la mesa en un castigo

    Una alimentación saludable fracasa cuando sólo puede sostenerse durante unos días. Comer mejor implica mirar el conjunto: calidad de los alimentos, horarios, sueño, movimiento, contexto social y la posibilidad real de disfrutar lo que se come.

    En el archivo de Salud y Bienestar de Capital CDMX aparece con frecuencia una idea que VIVIRTE quiere conservar y actualizar: los hábitos importan más cuando forman parte de una vida posible.

    Menos dogma, más patrón

    Priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y fuentes adecuadas de proteína es una base más útil que dividir los alimentos entre “buenos” y “malos”. La frecuencia y las porciones también forman parte de la ecuación.

    El ayuno y otras estrategias de horario alimentario pueden ser objeto de investigación, pero no son universales ni deberían iniciarse como tratamiento sin considerar el estado de salud de cada persona.

    La mesa también es placer, cultura y compañía. VIVIRTE abordará nutrición desde esa combinación: evidencia suficiente para decidir y libertad suficiente para vivir.

  • El microbioma: ese ecosistema que también alimentamos

    El microbioma: ese ecosistema que también alimentamos

    Dentro del intestino conviven bacterias, virus y otros microorganismos que forman un ecosistema complejo: el microbioma. Su estudio se ha convertido en una de las áreas más activas de la investigación sobre nutrición y salud.

    La alimentación es uno de los factores que puede modificar esa comunidad. Patrones ricos en vegetales, frutas, legumbres, granos integrales y fibra se han estudiado por su relación con una mayor diversidad microbiana y con distintos resultados de salud.

    Fibra, fermentados y contexto

    Los alimentos fermentados y las fibras prebióticas también despiertan interés científico. Pero hablar del microbioma exige cautela: no existe un alimento único capaz de “arreglar” el intestino ni todos los productos probióticos producen el mismo efecto.

    La mejor lectura es menos espectacular y más útil: variedad alimentaria, suficiente fibra y un patrón sostenible importan más que perseguir una bacteria de moda.

    Adaptado para VIVIRTE del archivo de Patricia Chico Aldama en Capital CDMX.